25 February 2024

Cortes terapéuticos: el nacimiento de una nueva personalidad

Decía Coco Chanel que “una mujer que se corta el pelo, está por cambiar su vida” y eso, seguramente, signifique que para sentirnos en armonía con nosotros mismos debemos sentirnos identificados con lo que vemos reflejado en el espejo.

Nuestra imagen nos conecta con lo que somos, la forma en qué sentimos y nuestros valores, porque la construimos día a día y evoluciona con nosotros.

El primer momento en el que la imagen toma el máximo protagonismo es la adolescencia, esa etapa vital en la que necesitamos reafirmar nuestro yo ante los demás, así como sentirnos respaldados por el grupo. Seguir las tendencias es pertenecer a un colectivo con el que nos identificamos y del que formamos parte. Por tanto, no es casual a qué tendencia nos sumamos, ya que, como afirma Ulises Mesa de Ulises Peluqueros, “cada corte tiene una personalidad, más allá de la moda o la tendencia”. Podemos acoger una estética, quizá sin demasiada reflexión, pero sin duda proyecta nuestra individualidad. 

Así, si nosotros cambiamos por dentro, también lo hacemos por fuera. En ocasiones, la transformación llega de forma abrupta porque hemos vivido un suceso traumático que nos lleva a romper, del mismo modo, con nuestra imagen. Necesitamos vernos diferentes, unas veces para superar una etapa que relacionamos con cierta estética, otras para encontrar la coherencia con ese nuevo yo que renace y que se despega del anterior. En palabras de Ulises Mesa: “Existen cortes terapéuticos en algunos momentos de nuestra vida porque hay un trasfondo psicológico y emocional. A veces necesitamos resaltar ciertas características y lo hacemos a través del cambio del cabello.”

Por tanto, cuando una clienta pide un cambio de look debemos saber qué lo está motivando, sin entrar en demasiados detalles, o al menos hasta dónde quiere llegar, aunque en el caso de los cambios terapéuticos la radicalidad en relación con la imagen anterior nos dará las pautas de lo que nos están demandando. Así lo argumenta el peluquero: “En general, cuando alguien pide un cambio de look, suele ser completo, de corte y color, e incluso de peinado”.

Y en este sentido, cortarse el cabello puede ser la mejor escenificación de una ruptura con una etapa vital anterior. Una marca en el tiempo que nos distancia con un momento y permite construir una nueva identidad, todo a través de la imagen. Según Ulises Mesa: Los cortos siempre vienen en momentos de cambios, tanto personales como sociales y muchas veces lo hacen para dejar algo atrás, para olvidar, para motivarse…para escribir un punto y aparte en sus vidas”. Además, añade: “cada corte de cabello da un mensaje y hay uno para cada tipo de personalidad y de rostro”.

El respeto a la individualidad, a la esencia que cada persona puede expresar, se pone de manifiesto en la multiplicidad de opciones que nos proponen las tendencias. Por un lado, encontramos coloraciones extremas y al mismo tiempo más naturales, ya que como asegura el peluquero “tenemos un color para cada tipo de personalidad”, y para cada momento vital.

Y no solo eso: el cabello evoluciona a lo largo de la historia no solo de forma individual, sino que también refleja las inquietudes colectivas. Un modo de entender una sociedad, cuáles son sus códigos de valores, es analizando cómo se peina y qué significación tiene para ella el cabello. Por eso, tal y como argumenta el peluquero: Cada época tiene cortes de cabello icónicos y las diferentes civilizaciones le han atribuido distintos significados.” La humanidad evoluciona con el cabello y el cabello se desarrolla con ella.

Así, cabe preguntarse si el acontecimiento histórico que estamos atravesando está dejando huella en nuestro modo de tratar el cabello, en la imagen en general. De hecho, según la opinión de Ulises, no es necesario esperar para ver los cambios que ha provocado: “ya los estamos viendo, los colores con raíz están en su momento más álgido”. Aunque si debemos extender el estudio al siglo pasado y lo que llevamos del presente, el peluquero asegura que son, sin duda alguna, el mullet, el bob y el pixie. Sin embargo, en el siglo XXI queda mucho por escribir: “El siglo XX fue el gran siglo de la imagen, aunque estoy convencido que en el siglo XXI superaremos al siglo pasado con creces.”


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