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Formación

Coiffure Legendaire: un paseo por la peluquería romana

Domingo, 01 Diciembre 2013 13:07

Estos días el Museo de la Evolución Humana en Atapuerca (Burgos) ha sido testigo de una brillante conferencia del más reconocido historiador del mundo de la peluquería, Raffel Pages. Paseemos junto a él por los albores de la peluquería romana...

Como explica Raffel Pages, fundador y director del Museo de la Peluquería de Barcelona, los primeros barberos profesionales conocidos, que se constituyeron en gremios, datan del año 303 a.C. Nacen así los primeros peluqueros formados en la Sicilia griega e introducidos en Roma por un tal Ticinius Menas. Estos barberos-peluqueros eran denominados ‘tonsor’ y entran en la vida cotidiana de los romanos instalados en boutiques dentro de los tabernae o en las calles, al aire libre, o incluso a domicilio. Su principal actividad consistía en rasurar las barbas, aunque además cortaban los cabellos y los teñían, y también cuidaban las manos y los pies.

Un utensilio característico de esta época es el pixidio, que servía para depositar pequeños mechones pertenecientes al primer corte de barba de un joven romano, ritual que tenía lugar cuando el chico cumplía los 21 años mediante una ceremonia religiosa llamada ‘Depositio Barbae’. En Roma, a diferencia de Grecia, no sólo destacaron los cabellos rubios, sino que algunos romanos de alto rango social y político optaban por los cabellos oscuros e incluso negros. Plinio el Joven, el conocido naturalista del siglo I, escribió sobre la importancia de los tintes oscuros para el pelo.

Sin embargo, el verdadero impacto para las mujeres romanas tuvo lugar cuando vieron a las cautivas que trajo Julio César de las Galias, quienes lucían unos hermosos cabellos rubios, a los que quisieron imitar. La esposa de un emperador como Claudio, Mesalina, y la emperatriz Faustina tenían más de 700 modelos de pelucas, especialmente rubias para sus noches lujuriosas y de desenfreno sexual.

Según explica Raffel Pages, para teñir el cabello de rubio las romanas utilizaban sobre todo azafrán y también una famosa receta compuesta a base de grasa de cabra y cenizas de haya, aunque no era muy saludable para el cabello. El tópico de que los hombres preferían a las mujeres rubias, a menudo atribuido a los años cincuenta del siglo XX, hay que remontarlo, por tanto, a muchos siglos antes. El cabello, símbolo privilegiado de belleza y elemento de provocación erótica, aparece descrito una y otra vez en los textos latinos de Ovidio o Catulo. La importancia del rubio era tal que se utilizaban diversos términos para designarlo y referirse a las diferentes tonalidades del rubio: flavus, aureus, croceus, fulvus, rufus, rutilus...

Más información: www.museumraffelpages.com

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